En primera persona

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Raíces de su afición al toro:

Mis abuelos son los únicos aficionados a los toros en mi casa, mis abuelos maternos, que han sido abonados a la plaza de toros de Murcia desde que yo tengo uso de razón y siempre acudía con ellos. Ahí se quedaba mi afición, en ir con mis abuelos a ver los toros a la plaza de Murcia, yo nunca había visto un capote ni una muleta de cerca.

Quiero ser torero:

Esa es la historia más bonita que yo siempre cuento, porque fue en un día concreto, viendo una corrida de toros, la del indulto del maestro Pepín Liria. Yo estaba entre mis abuelos en la plaza y ese día me emocioné mucho, lloré y disfruté como una niña. En ese momento le dije a mis abuelos, bajo mi ignorancia de niña de dieciséis años, que yo era capaz de hacer lo que estaba haciendo ese torero y que yo quería estar ahí abajo. Y a partir de ahí cambió mi pensamiento hacia el toro. Yo nunca he sido una niña que ha cogido un trapo para jugar al toro ni nada, en Murcia tampoco hay ganaderías a las que acudir a ver el toro…

A partir de ahí me convencí de que eso era lo que yo quería. Mi madre me dijo: “estás loca”, pero yo tenía claro que era eso lo que quería. Tenía catorce años, y en ese momento, estudiaba en el Conservatorio de Danza de Murcia. Me recuerdo siempre queriendo al toro, pero no he tenido en la cabeza nunca al toro, ¿cómo es posible eso?... Pues es verdad, no lo sé, a parte yo estaba entregada con la danza y con mis estudios, y recuerdo como si el toro siempre hubiese estado ahí, pero escondido, y salió en la edad justa.


Su estancia en la Escuela de Danza:  

Al principio, estuve bailando durante muchos años en una academia de aquí de Murcia que se llama Flexión. De ahí pasé al conservatorio para hacer una carrera de Contemporáneo. Estuve al principio con Clásico y Flamenco, y después una profesora mía de Contemporáneo que se llamaba Ana me demostró que Contemporáneo era una especie de mezcla entre clásico y flamenco, era más libre de bailar, y me encantaba... Ahí estuve siete años. Es algo que me encanta, que me llena muchísimo junto con los toros. Es más, muchas veces echo la mesa del salón de casa a un lado, pongo música y me pongo a bailar.

Aportación de la danza al toreo:

Yo creo que, aunque no sea una relación muy visible, el toreo y la danza están totalmente unidos. La danza, el compás de la música, esa película interna que tú te haces para bailar y para querer transmitir algo, porque para bailar tienes que transmitir directamente cuando sales, aparte de la técnica que tú tengas. Pues yo creo que en el toro es igual: es técnica pero tienes que transmitir. También se parecen en la composición. La armonía que tú haces a la hora de bailar para torear te viene estupendo, la flexibilidad que te da la danza… Después he tenido que trabajar otras cosas como a lo mejor el fondo físico, correr más, la fuerza…, pero había muchas cosas que me salían solas, eran naturales.

Aprendizaje:

Yo era ignorante totalmente, no tenía amistad con nadie del toro. Así que me apunté a la escuela taurina de Murcia alrededor de cuatro o cinco meses. Me llevaba mi abuelo, que siempre me ha ayudado… Pero no veía lo que yo necesitaba para torear aquí y entonces me fui. Me fui con mi abuela, nos fuimos las dos solas a un pueblo de Cádiz, a San Roque, donde estuve con los banderilleros Carlos y Rafael Pacheco, que me movían por allí, me llevaban de tapia…

También estuve en la finca de Ruiz Miguel, le caí bien y me regalaba novillos, también me llevaba de tapia con él. Por ahí estuve moviéndome mucho tiempo. Después ya me fui a Sevilla, Granada, volví a Cádiz, a San Fernando, Albacete y de nuevo Murcia. Yo creo que lo mejor era eso, coger de cada sitio su esencia… Muchas veces te estancas… Yo creo que lo más inteligente de todo eso fue demostrar que no me daba miedo viajar y decir: no tengo que parar, yo tengo que seguir aprendiendo.

La familia como apoyo:

Siempre fui acompañado de alguien de mi familia, bien mi abuelo, mi abuela o mi madre. El apoyo de mi familia ha sido fundamental, sin ellos no estaría aquí. Ellos estaban conmigo mientras seguía aprendiendo en cada lugar que estábamos. Yo he sido una esponja, iba adsorbiendo todos los conocimientos posibles. Finalmente, he tenido la suerte de encontrarme con Antonio Mondéjar, que ha sabido captar el concepto de mi toreo, lo que yo quiero trasmitir, y me ayuda muchísimo a pesar de que él ha sido un torero con un concepto distinto al mío. Me ha sabido enseñar la técnica que exige el toro actual y además ha sabido sacar toda mi personalidad. Ser tú en la plaza es fundamental.

Debut sin picadores:

Lo recuerdo todo muy bien y muy bonito, yo creo que fue la suerte del principiante. Ese día se me fracturó un dedo y tuve que torear los dos novillos con el dedo roto. Incluso recuerdo que dormí la siesta, estaba muy nerviosa, pero dormí la siesta. Lo recuerdo lleno de ilusión, de emoción, dando los primeros pasos de lo que yo quería alcanzar. No recuerdo ni nervios, por supuesto que estaría nerviosa, pero era todo como decir “no tengo nada que perder, voy a disfrutar”. Además, tuve la suerte de que me embistieran los dos animales y pude expresar mucho ese día.

 

Mejor novillera de Murcia en la primera temporada:

Ese año tuve la suerte de cortar un rabo en Murcia en una novillada seria de Lagunajanda, solo toreé un novillo porque éramos seis novilleros, y fue una tarde donde también pude expresar mi concepto y se creó una magia muy bonita. Con la espada tampoco fallé, metí un estoconazo, creo que también fue la suerte del principiante...

Debut con caballos:

Como estuve navegando tanto tiempo como novillera sin caballos, la verdad es que cuando llegó el debut con caballos ya había un trabajo detrás importante y un esfuerzo muy grande. Sé que me hacía ilusión debutar también en Granada porque es la niña bonita de mis sueños, es un lugar precioso, que me encanta, pero sobre todo recuerdo el esfuerzo. Nada más debutar allí ya me llenaba de ilusión…

Fue una tarde muy dura también porque si no me cogieron tres o cuatro veces, no me cogieron ninguna… Fue muy aparatosa luego la recuperación de las tres cornadas, pero lo importante fue haber pegado ese paso adelante y haberme cogido un toro y no mirarme las heridas, sino seguir adelante, tirar de raza… Ese fue mi debut de sangre y comprobé toda la raza que tenía dentro. Ese día la espada me privó de cortar más oreja, pero corté una y fue la única oreja de esa tarde.

Primeros compromisos de peso:

Después de ese debut con caballos fuimos a sitios muy importantes, pero la cosa no terminó de ir del todo bien. Estuvimos en Sevilla y la novillada no embistió. En Bilbao, por culpa de la espada, no pude cortar tres orejas, cosa que se reflejó en las crónicas. En Barcelona se me escapó un triunfo más rotundo también por la espada… y todo aquello fue provocó un bajón en mi carrera. La temporada empezó el año pasado de manera muy dura, porque hay muchos novilleros con grandes apoderados que tienen mucha fuerza y entrar en las grandes ferias era prácticamente imposible.

Yo seguía con el oficio, yo nunca había tenido un tentadero para mí en el campo, solamente en tapias, Antonio Mondéjar me metió unas sesenta o setenta vacas en el campo y llevaba una preparación muy buena. Mi mirada estaba puesta en Madrid porque allí se decidía mi carrera.

Cornada en Francia:

Yo ya había sufrido cornadas de otro estilo por decirlo de alguna manera, pero esa cornada fue inesperada y distinta a las demás. Una cornada que pesa, muy seria, que gracias a Dios no fue lo que pudo ser, porque fue una cornada de las que te pueden quitar de esto. Bueno, o te quitan o te reafirman mucho más, porque son de esas cornadas que no te dejan ni dormir por las noches. Y después toda la tragedia que vino, que parecía una película de terror: llegué a España y resultó que había tres cornadas más, los ovarios, la barriga, una con gangrena… y catorce días antes de Madrid, ni en una película lo podían hacer más enrevesado.

Haber superado todo eso… Ahí me demostré también la fuerza psicológica que tengo, que puedo llegar a conseguir y que es fundamental para el torero. Cuando un torero no es capaz de controlar su mente ésta le falla y es muy difícil sobreponerse. A parte del trabajo físico, es fundamental el trabajo psicológico, el estar solo y pensar, pensar en cualquier cosa y aprender a dominarla.

La gloria de Madrid:

Llegar a Madrid apenas dos semanas después de aquella cornada tan grave fue bastante duro. Quién me iba a decir a mí que después de todo el calvario que había pasado y mermada como estaba todo iba a salir tan bien. Fue el final feliz para ese guión de película tan complicado del que hablaba antes. En Madrid pude hacer ese toreo que a mí me gusta de citar de largo y dejar que el novillo se venga. Noté que eso calaban hondo en aquella afición y me emocioné al ver cómo me respondía. Ya no me dolían cornadas ni nada, fue como vivir la gloria. No pude evitar emocionarme cuando cogí esas dos orejas y cuando me abrieron la puerta grande. Ese ha sido el triunfo más importante de mi carrera hasta ahora. Ser la primera mujer que atraviesa esa puerta mítica del toreo me da fuerzas para seguir.

La mujer en el toro:

Siempre que pienso en la mujer en el toro me viene un nombre a la cabeza que es el de Conchica Citrón. Yo creo que en aquella época, que una mujer no podía lidiar a pie, y que lo intentara es lo que a mí me da fuerza… ¡Qué dos narices tenía esa mujer de hacer eso!… Y bueno después Maribel Atienza, Cristina Sánchez… han sido y siguen siendo pioneras en este mundo del toro, a mí me dan fuerzas para luchar y para seguir ahí. Pero yo creo que aún así tiene que haber una mujer o varias que lleguen más lejos.

Yo tengo un problema en eso y es que yo no me paro a pensar en que yo soy mujer, es más, yo voy a una plaza y veo a una mujer torear, a una novillera, y me sorprende a mí misma. No estoy acostumbrada y siempre digo que si me sorprende a mí cuánto más a la afición. Pero yo creo que una de las claves para mí en mi carrera es que la gente me ve torear y se sorprenden primero, porque soy mujer, pero luego, cuando me ven torear, se olvidan de eso. Nunca intentaré perder mi lado femenino, de hecho, yo cambio un poco el traje de torear, siempre llevo mi lazo que muchas veces ha sido criticado… Puedo llevar esas cosas elegantes y luego torear los toros como hay que torearlos. Esa es la mezcla, entre lo que se cree débil y bello frente a la fiereza del toro, yo creo que de ahí surge la belleza.